Vivimos en una época acelerada. Desde la Revolución Industrial hasta el metaverso, hemos
aprendido a producir más, pero a sentir menos.
Pasamos los días frente a pantallas, bajo luces artificiales, con ruido constante, corriendo de
una cita a otra.
Y sin darnos cuenta, hemos perdido algo esencial: la capacidad de asombro.La alegría
simple de estar vivos.
Somos animales sensibles, mamíferos hechos para oler, tocar, escuchar, mirar y saborear el
mundo.
Pero nuestro cuerpo, que nació para la naturaleza, vive hoy en espacios cerrados, sin tiempo,
sin pausa, sin piel.
Este ritual nace para recordarte eso: que todavía puedes volver a ti mismo a través de tus
sentidos, sin irte lejos, sin hacer grandes cambios.Solo deteniéndote un momento cada día.
Durante siete días, te propongo un viaje de regreso al cuerpo.
Cada día se centra en un sentido —el oído, la vista, el olfato, el gusto, el tacto, la respiración
y el silencio—para que poco a poco reaprendas a percibir el mundo con presencia.
Cada día vas a dedicar solo cinco minutos y, al final del día, vas a escribir una frase con la
fecha. ¡Solo te pido eso!
Cada semana aumenta en 1 minuto el ritual hasta que se adecue con tu modo de vida, pero
siempre dandote un minuto mas a ti
No es un reto, ni una meditación, ni un ejercicio de productividad.
Es un refugio.
Un espacio íntimo, autónomo y cotidiano para reencontrarte contigo mismo.
Puedes hacerlo en tu casa, en el trabajo o en un parque. Solo necesitas cinco minutos.
Y cada semana, si quieres, un minuto más.
Hasta que el silencio se vuelva un hábito natural, como lo era antes.
La idea no es alcanzar nada, sino volver a sentir lo que ya está ahí:
el aire, la luz, los olores, la textura de lo real.
Porque sentir es volver a la vida.
Y este diario es una forma sencilla de empezar.
“7 días para volver a sentir”
Un ritual sensorial de Wines & Rituals
Vivimos en un ruido constante.
Conversaciones, notificaciones, música de fondo, pensamientos que no paran.
Nos hemos acostumbrado tanto al ruido que el silencio nos incomoda.
Y sin embargo, ahí es donde realmente empezamos a escucharnos.
No puedes oírte si no paras. No puedes entenderte si no haces silencio.
Este primer día es un recordatorio sencillo: apaga todo.
Nada de música, ni pantallas, ni conversación.
Solo tú, sentado donde quieras —en una silla, en el suelo, en un banco, en la terraza
de un café— durante cinco minutos.
No hace falta “hacer nada”
.
Solo deja que el silencio te envuelva y escucha lo que aparece: tu respiración, el aire,
el reloj, los sonidos pequeños del mundo.
Ahí empieza la consciencia.
Ahí empieza el reencuentro contigo.
Práctica:
Hoy busca cinco minutos —solo cinco— para estar en silencio.
Apaga todo. No pongas música, no leas, no hables.
Siéntate en una silla, en el suelo, en un banco o en una terraza con un té.
Solo escucha.
Hazlo cada lunes. Cada semana, añade un minuto más.
Lectura recomendada:
El elogiodel silencio – Max Picard
(o un fragmentode “Consolations”de DavidWhyte siprefieres algo máspoético
“El silencio es el elemento en el que se forman las grandes cosas.
”
Thomas Carlyle
DIA 1 · El oído: la música del silencio
Vivimos mirando sin ver.
Estamos tan acostumbrados a las pantallas, al movimiento, a lo inmediato, que
nuestra mirada se ha vuelto rápida y superficial.
No observamos; pasamos por encima.
Hemos perdido la capacidad de fijarnos en lo pequeño, en lo frágil, en lo que
sucede entre las cosas.
Hoy el ejercicio es sencillo: parar y mirar de verdad.
No hace falta que viajes, ni que busques belleza. Está aquí.
Mira la arruga en una mano, dos abuelos cogidos de la suya, una taza con una
grieta, una sombra sobre la pared.
Eso también es la vida, y muchas veces pasa desapercibido.
El objetivo no es analizar ni entender, sino aprender a estar con la mirada abierta.
Solo cuando detenemos los ojos, empezamos a ver lo que siempre estuvo ahí.
DIA 2 · La vista: mirar sin tomar
Práctica
Busca un momento del día —por la mañana, al mediodía o antes de dormir— para
mirar algo cotidiano.
Un objeto, una planta, una ventana, una persona, tu reflejo.
Solo observa durante 5 minutos. No mires para juzgar, ni para entender.
Mira como si fuera la primera vez que lo ves.
Cada martes, repite esta práctica. Cada semana, suma un minuto más.
Al final, anota qué fue lo primero que te conmovió o te llamó la atención cuando
dejaste de mirar con la mente y miraste con el alma.
Lectura recomendada
Miraré a los ojos – Santos de Vida, José Pedro Manglano
“No vemos las cosas como son, las vemos como somos”
Anaïs Nin
El olfato es el sentido másprimitivoque tenemos.
Es elprimeroque se forma en el cuerpo y el últimoque se apaga
cuando morimos.
Atravésde élrecordamos, sindarnos cuenta,quiénes hemos sido.
Un aromapuede transportarte más rápidoque cualquierimagen o
palabra:
el olorde una casade infancia,de la ropa limpia de alguienque ya
no está,
de la tierra mojadadespuésde la lluvia,del caféde la mañana.
Ysin embargo, casi nunca olemosde verdad.
Vivimos anestesiados,rodeadosde fragancias artificiales y aire
acondicionado,
respirando sin notarque el aire también tiene textura, historia y
mensaje.
Hoy tepropongo volver a oler como si fuera la primera vez,
sin intentardescribir, sinpensar.
Solopercibir,dejarque algo invisible te toque.
El aroma es la forma más silenciosa de la memoria.
Práctica
Hoy acércate a algo con aroma: café, jabón, vino, flores, tu ropa, la lluvia.
Cierra los ojos.
Respira despacio tres veces y deja que el olor te hable.
No busques el recuerdo; deja que aparezca.
Luego, escribe una palabra o una imagen que haya surgido.
Hazlo cada miércoles.
Cada semana, añade un minuto más de pausa antes de escribir.
Lectura recomendada
El Perfume – Patrick Süskind
“Elperfume es la forma más intensadelrecuerdo.”
Jean Paul Guerlain
DIA 3 · El olfato: memoria invisible
El olfato es el sentido másprimitivoque tenemos.
Es elprimeroque se forma en el cuerpo y el últimoque se apaga
cuando morimos.
Atravésde élrecordamos, sindarnos cuenta,quiénes hemos sido.
Un aromapuede transportarte más rápidoque cualquierimagen o
palabra:
el olorde una casade infancia,de la ropa limpia de alguienque ya
no está,
de la tierra mojadadespuésde la lluvia,del caféde la mañana.
Ysin embargo, casi nunca olemosde verdad.
Vivimos anestesiados,rodeadosde fragancias artificiales y aire
acondicionado,
respirando sin notarque el aire también tiene textura, historia y
mensaje.
Hoy tepropongo volver a oler como si fuera la primera vez,
sin intentardescribir, sinpensar.
Solopercibir,dejarque algo invisible te toque.
El aroma es la forma más silenciosa de la memoria.
DIA 4 · El gusto: la pausa que saborea
Comemos con prisa, bebemos sin mirar, tragamos la vida sin darnos cuenta.
El gusto es quizá el sentido que más placer nos ofrece,
pero también el que más hemos automatizado.
Cada día, los sabores pasan por la boca como si fueran un trámite.
Ya no olemos la comida, no notamos las texturas, no nos detenemos a
agradecer.
Y sin embargo, el gusto es una forma de estar en el presente.
Cuando saboreas algo de verdad, el tiempo se detiene.
No importa si es una copa de vino o un trozo de pan:
lo que cambia no es el alimento, sino la atención.
Saborear no es un lujo: es un acto de gratitud.
Es decirle al cuerpo “estás aquí, estás vivo”.
Hoy, más que comer o beber, te invito a degustar conscientemente la vida.
Práctica
Hoy, detente cinco minutos para saborear algo con plena atención.
Puede ser una fruta, una copa de vino, un té o simplemente un trozo de pan.
Cierra los ojos, toma un sorbo o un bocado y nota las capas del sabor.
El frío, el calor, la textura, lo que despierta en ti.
Pregúntate:
“¿A qué sabe hoy mi día?”
Hazlo cada jueves.
Cada semana, añade un minuto más de calma antes del primer sorbo.
Lectura recomendada
El arte de la vida sencilla – Shunmyo Masuno
“Busquemos el Umami en todo, apreciemos la vida con gusto”
Paul Cons
DIA 5 · El tacto: lo que te toca sin tocarte
El tacto es el primer lenguaje que aprendemos y el último que olvidamos.
Antes de hablar, antes incluso de ver, sentimos.
Una mano sobre el hombro, la temperatura del aire, la textura de la ropa o
del agua.
El cuerpo sabe lo que la mente no alcanza: que todo contacto deja una
huella.
Hoy vivimos casi sin tocar.
Pantallas, distancia, prisa, miedo al contacto.
Pero el cuerpo sigue pidiendo piel, sigue queriendo sentir.
Porque tocar no es solo un gesto físico: es reconocer el mundo con
ternura.
Te invito a recordar que la piel también escucha.
Que cada superficie —una planta, una taza, el viento, el cuerpo de otro—
puede ser una forma de conexión si te permites sentirla con atención.
Práctica
Hoy, durante cinco minutos, dedica tu atención al tacto.
Toca algo despacio: tu ropa, el agua, una planta, una piedra, el aire que roza tu
cara.
Siente la temperatura, la textura, la presión, el movimiento.
No pienses: solo percibe.
Hazlo cada viernes.
Cada semana, añade un minuto más de pausa antes de moverte a otra cosa.
Lectura recomendada
El poder del ahora – Eckhart Tolle
(capítulos sobre la consciencia del cuerpo)
“El tacto es el sentido más humilde y, sin embargo, el más profundo.”
William James
DIA 6 · La respiración: el ritmo que te habita
Respirar es lo más simple y, sin embargo, lo más olvidado.
Lo hacemos miles de veces al día, sin darnos cuenta.
La respiración sucede incluso cuando no estamos atentos, y por eso creemos que
no importa.
Pero todo empieza y termina ahí: en un gesto tan básico como dejar entrar y dejar
salir.
Cuando respiras conscientemente, algo cambia.
El cuerpo se relaja, los pensamientos se ordenan, el ruido interno baja de volumen.
El aire entra y sale, y de repente te das cuenta: estás vivo, ahora.
No hace falta irte a ningún sitio ni cambiar nada.
Solo recordar que tu respiración es tu casa.
Cada inhalación es una bienvenida; cada exhalación, una entrega.
Respirar es confiar: el aire siempre vuelve.
Práctica
Busca un lugar tranquilo y siéntate con la espalda recta.
Cierra los ojos.
Inhala contando hasta cuatro, manten en seis, exhala contando hasta ocho.
No fuerces el ritmo: deja que el aire te marque el compás.
Hazlo cada sábado.
Cada semana, añade un minuto más de respiración consciente.
Lectura recomendada
El milagro de mindfulness – Thich Nhat Hanh
“Respirar es aceptar que la vida entra y sale de ti.” – Thich Nhat Hanh
DIA 7 · El silencio: el arte de estar
El séptimo día no es un día más.
Es el cierre del ciclo, el momento en que todo lo vivido durante la semana se asienta.
Durante siglos, el domingo fue el día del alma: se descansaba, se celebraba, se
agradecía.
Era un espacio para detener el tiempo y mirar hacia dentro.
Hoy, ese día se ha llenado de ruido: pantallas, comidas, planes, pendientes.
Hemos perdido el hábito de cerrar la semana con un gesto de conciencia.
Y sin ese cierre, los días se encadenan sin sentido, como si nunca termináramos
nada.
Este séptimo día es una invitación a ritualizar tu descanso.
No es un silencio de vacío, sino de integración.
Es el día en que recoges tus frases, tus sensaciones, lo que has descubierto.
Un espacio para darte una hora contigo, para hacer balance y convertir la rutina en
ceremonia.
El silencio de hoy es creativo:
no solo escuchas, sino que construyes tu propio ritual.
Ritual final (1 hora)
Este es tu momento de cierre.
Crea un pequeño espacio solo para ti —tu altar personal— con una vela, una flor, una copa de
vino y una música suave.
Lee las frases que escribiste durante la semana.
Observa cómo cada día dejó una huella, una palabra, una emoción.
Elige tres frases o pensamientos que resuman tu camino.
Escríbelos de nuevo, despacio.
Crea tu ritual:
Puede ser encender una vela, escribir una carta que no enviarás,
preparar una comida solo para ti, o simplemente mirar el cielo al atardecer.
No hay forma correcta.
El sentido es convertir el silencio en algo vivo, tuyo, sagrado.
Regálate esta hora sin interrupciones,
como quien se ofrece un descanso,
pero también un comienzo.
“Hay un momento en el que el alma se sienta y sonríe. Ese momento se llama silencio.”
R.M. RilkeSentir no es un lujo, es un acto de presencia.
Este diario no termina en siete días.
Empieza cada vez que recuerdas que tienes cuerpo, sentidos y alma.
Cada pausa, cada palabra, cada aroma,
ha sido una forma de volver a ti.
A lo esencial, a lo humano, a lo que se mueve por dentro.
Ojalá este pequeño ritual te haya devuelto algo de silencio,
un instante de belleza, una sensación de verdad.
Porque al final, no se trata de hacer más,
sino de estar más.
El mundo seguirá corriendo.
Tú decides si corres con él o si, por un momento, eliges respirar, mirar,
oler, tocar y agradecer.
Sentir es recordar que estás vivo.
Y si este ritual te ha hecho bien…
Si este diario te ha ayudado a parar, a sentir,
a reconectar con esa parte de ti que a veces se queda en silencio,
quizá te apetezca vivirlo en compañía.
En Wines & Rituals creamos experiencias sensoriales presenciales
donde el vino, el arte y la palabra se encuentran
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